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domingo, 1 de junio de 2014







"No me siento una top ten"

La tenista italiana Sara Errani se ha convertido en la revelación de Roland Garros 2012 al clasificarse Campeona de Dobles junto a Roberta Vinci y Subcampeona de Singles tras perder con María Sharapova. Sus recientes declaraciones al respecto fueron: “no creía demasiado en que podía ganar a las mejores”, “no me siento una top ten. Pero lo soy y se hace raro”, “me sorprendió que tanta gente me animase”, “quiero pensar que no es normal que llegue a las finales de un Gran Slam”.
Hace unos meses Paula Ormaechea, compatriota nuestra, nos sorprendía en el Abierto de Australia sorteando la etapa de clasificación y luego ganando en primera ronda contra la 50 del mundo. En esa oportunidad le preguntaron acerca de sus ídolos y nombró a las hermanas Williams, que ella se formó admirándolas en especial a Serena. Ante la posibilidad de jugar contra ella contestó: “Creo que le daría la mano y me voy. No me imagino en una cancha con ella”. Paula tiene 19 años y era su debut en un Grand Slam.
Salvando las distancias entre ambas, se trata de dos tenistas que están insertándose en lugares de mayores exigencias y se están enfrentando con sus ídolos.  Tienen que familiarizarse con estas nuevas instancias de competición. Pero este tipo de frases a veces habitan en la cabeza de deportistas avezados (de cualquier disciplina), que ya pasaron las instancias del debut. Cabe preguntarse qué pasa con ellos que siempre “tropiezan con la misma piedra”, en este caso, tropiezan con determinados jugadores a quienes sistemáticamente no pueden vencer, con quienes no pueden desarrollar todo su potencial.  
Toda competencia tiene un componente agonístico que se relaciona con la lucha con el rival.
Desde el psicoanálisis podríamos pensar que en tanto y en cuanto el rival ocupe un lugar de semejante, estos deportistas pueden con él, mientras que se les complica cuando el adversario es un ídolo y ocupa en la psiquis del jugador un lugar vinculado a la figura paterna.  Crecer, alcanzar la madurez (aún en el deporte) implica ocupar el lugar del padre, y éste es un acto agresivo. De ahí la lucha generacional típica de la adolescencia. Podemos conjeturar entonces que algo se les juega con la culpa y el temor a las consecuencias de vencer al padre, de destronarlos  y hacerles perder su lugar. En la jerga deportiva popular es conocida la frase “los tenemos de hijos”  propias de equipos que ostentan supremacía sobre otros.
Por eso es una tarea del entrenador y del psicólogo indagar acerca del significado que el deportista o equipo le atribuye a cada rival. El entrenador orquestará los recursos en aras del buen desempeño en función de las características del oponente. Y al psicólogo le cabe despejar qué encarna ese rival en el psiquismo del atleta, a qué figura significativa de su historia puede remitir.

(Artículo publicado en Luján Dep en junio de 2012)